¿El optimista nace o se hace? (III)

Estuvimos viendo en los artículos anteriores (aquí y aquí) qué era realmente ser optimista y los tres errores que te impiden serlo.

Hoy me gustaría hablarte de si es posible cambiar y lo que es más importante, cómo puedes hacerlo.

Algunas personas irradian positividad, siempre (o casi siempre, que todos somos humanos y tenemos nuestros días) transmiten a las personas que les rodean esperanza, energía y fuerza y son capaces de ver la parte positiva de casi cualquier cosa, o son capaces de dar esperanza y pensar en formas de resolver o minimizar los problemas. Sólo hay que ver, como ejemplo, la película “La vida es bella” de Roberto Benigni donde un padre crea una fantasía para proteger a su hijo en un campo de concentración nazi.

Ahora bien, este optimismo ¿es innato o se lo han trabajado? Lo cierto es que parece ser que desde niños hay diferencias, incluso habiendo recibido los mismos cuidados y la misma crianza. Sin embargo, si en tu caso no eres optimista todavía hay buenas noticias.

El optimismo, como otras muchas fortalezas de la inteligencia emocional, puede trabajarse a través del método Kimmon que aúna la Programación Neurocaligráfica, la Escritura Terapéutica, la Psicología Positiva y la Autosugestión. De hecho, el optimismo es tan importante que es la segunda aptitud que se trabaja, justo después del autoconcepto. Este método trabaja nueve características de la inteligencia emocional, entre ellas el optimismo.

Con la Escritura Terapéutica también hay ejercicios específicos para trabajar el Optimismo. Por ejemplo, uno de los que más me gusta consiste en hacer una lista con las 50 cosas que más te gustan. No tienen que ser únicamente cosas costosas o complicadas. Por ejemplo, puede que te haga feliz compartir un café en una terraza con una amiga a la que hace tiempo que no ves. O tomar un baño caliente a solas, sin prisa. O contemplar a tus hijos mientras duermen. Pruébalo. Haz esta lista bonita, con un papel que te guste, escribiendo a mano, por supuesto, y con rotuladores de diferentes colores, o adornándola como más te guste. Concéntrate en todas las cosas que te hacen feliz, grandes y pequeñas. Y cuando tengas un día gris coge esta lista y conviértela en una checklist. ¿Cuántas puedes hacer hoy? ¿y esta semana? ¿qué planes puedes trazar para aquella que es más complicada?

La idea es concentrar tu atención en las cosas maravillosas que tenemos a nuestro alcance y dedicar un espacio de nuestro tiempo a cuidarnos.

Otro ejercicio muy poderoso es hacer una redacción que lleve por título “Una visión positiva del futuro” donde describas, con todo detalle, que te encuentras en algún lugar dentro de uno, cinco o diez años incluso, haciendo realidad uno de tus sueños. Recréate en las sensaciones, en el olor, en el tacto, en la felicidad que sientes al cumplir aquello que tanto deseabas.

También estoy preparando un taller específico para trabajar únicamente el Optimismo donde, durante 4 semanas, realizaremos ejercicios pensados para ello y compartiremos los resultados.

Recuerda lo que vimos en el primer artículo de esta serie: las personas optimistas obtienen mejores resultados en sus estudios, deportes o trabajos, tienen mejor salud, su sistema inmunitario es más fuerte, envejecen mejor y finalmente, viven más años. ¿Merece o no la pena ser optimista?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres × 2 =