Tiempo de sembrar y tiempo de recoger frutos

Hoy te quiero hablar de tres tipos de situaciones en los que te puedes encontrar y cómo puedo ayudarte.

Me encanta comparar siempre la maternidad, sobre todo la primera vez que te conviertes en madre, con una semilla. En un principio de ésta tu nueva vida sólo quieres enterrarte con tu bebé. Sois uno y necesitas de tiempo a solas, podrías estar horas y horas con él en tus brazos, puedes mirarlo mientras duerme y no dejas de maravillarte con su perfección. Te molesta, incluso, salir a la calle y no te apetece ver a nadie. Está germinando una semilla con toda su fuerza y necesita de soledad, oscuridad, reflexión y tiempo.

Pero este tiempo de puerperio, más o menos largo, pasa. Y es entonces cuando descubres que tu mundo se ha puesto del revés. Lo que antes te hacía feliz ya no lo soportas. Las personas que estaban más cerca se alejan y descubres otras con las que pensabas que nunca tendrías nada en común que se convierten en tus mejores amigas y compañeras. Tu vida laboral también se ve afectada. Si antes tu trabajo te encantaba, ahora no soportas la idea de separarte tanto tiempo de tu bebé, quieres volver a casa, te duelen los brazos cuando no lo tienes contigo. Algunas veces estás confusa, quieres salir y volver a recuperar tu vida y al poco tiempo sientes que no es tu mundo, que ya no perteneces a él. Y tienes tantas decisiones que tomar y tan difíciles… ¿Sabías que el 60% de los divorcios se producen en los primeros tres años de vida de los hijos? Porque estos conflictos internos afectan a todo aspecto de tu vida, tanto personal como laboral. Este es el momento que yo comparo a la semilla que está germinando y tiene que romper la tierra que le cubre para ver el sol. A veces el terreno será fácil y otras veces habrá rocas en la superficie que necesitarán de toda su fuerza. Por eso esta etapa es más o menos duradera, el terreno donde haya caído la semilla tiene mucho que ver. Tendrás que tomar decisiones como si volver a tu trabajo o dejarlo para dedicar los primeros años de la vida de tus hijos a su crianza, cambiar de trabajo o encontrar uno nuevo si te han despedido, dejar a tu pareja o aprender a vivir sin ella. Esta etapa se caracteriza porque hay que tomar muchas decisiones y luchar contra circunstancias ajenas a tu control, pero tu bebé te da las fuerzas para seguir.

Poco después, cuando ya  has visto el sol llega el momento más poderoso: es cuando comienzan a salir pequeñas hojas, flores y finalmente, si todo ha ido como tiene que ir, tendrá frutos. Ya tiene raíces, más o menos fuertes, pero que cumplen su función. Se mantiene erguida, no hay nada que la impida crecer y prosperar. Es en esta etapa cuando necesitas volver a pensar en ti, recuperar tu espacio. Tus hijos ya no son tan dependientes, ya no te necesitan las 24 horas del día a su lado.

Transitar por estas tres etapas no siempre es fácil. Recuerda que el terreno donde estés puede ser un lugar abonado y cultivado o puedes haber caído en un lugar pedregoso y árido. Y si encima estás sola es mucho más complicado. Pero no dudes de tu fuerza, y si sientes que necesitas ayuda, la escritura puede ser tu mejor compañera. La escritura creativa puede convertirse en una terapia y en aquella amiga que te escucha, que sabe ordenar tus ideas, enseñarte a reconocer tus habilidades y fortalezas y te ayuda a reflexionar con calma, sin juzgarte. También te recordará quien eres, de dónde vienes, lo que has conseguido hasta hoy y de lo que eres capaz.

Quieres saber más? Te invito a seguir leyendo mis entradas en la web y si lo necesitas, escríbeme y hablamos.

Recuerda, estés en la fase que estés, eres una semilla fuerte.

Carmen González

Coaching, Programación Neurocaligráfica y Escritura Terapéutica.

www.manuscrita-mente.com

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