Escritura Terapéutica, ¿qué es y cómo puede ayudarnos? (I)

Hoy en día todos sabemos escribir, y debería ser una acción sencilla. En la escuela aprendemos y se le da mucha importancia a la lecto-escritura desde el inicio. Aprendemos sobre gramatica, ortografía, puntuación, redacción, estructura del texto, nos obligan a leer libros que seguramente no nos interesan ni volveremos a ojear nunca más, y a hacer dictados y redacciones.

El lenguaje escrito es la forma de comunicación más presente en todas las escuelas. Sin embargo nadie nos enseña que la forma en la que escribimos (tanto el QUË ESCRIBIMOS como el CÓMO LO HACEMOS) es un escaparate de nuestro yo más profundo y un espejo de nuestras emociones y sentimientos.

Es, además, una gran herramienta de autoanálisis y de cambio personal. Mi interés en la escritura terapéutica nació hace poco, pero la había utilizado sin saberlo en muchas etapas de mi vida. ¿Quién no ha tenido un diario adolescente? ¿o quién no ha escrito poemas en una libreta, copiados o propios? cuando yo era niña estuvo también de moda escribir cartas a las amigas en papeles con dibujos y olores. ¿Recuerdas la sensación? Posteriormente, en etapas críticas también utilicé la escritura como medio para ordenar y organizar pensamientos y sentimientos, como alternativa a acudir a terapia. Es una forma estupenda de reflexión personal y análisis. Me di cuenta de que problemas que parecía gravísimos no lo eran tanto cuando los exponía por escrito, y otros detalles a los que no había dado importancia eran primordiales. Surgían nuevas ideas o formas de encarar sentimientos y oportunidades.

No me servía cualquier tipo de escritura, tenía que ser a mano, en un entorno solitario y con materiales adecuados, para mi, rotuladores de punta fina y papel Din A-4. Pero cada uno debe encontrar “sus herramientas”.

También comprobé que era la forma de compartir información que no hubiera compartido con nadie por vergüenza, por el miedo a estar expuesta y sobretodo por miedos a ser juzgada.

Hace poco, después de cursar un máster donde aprendí las bases elementales del Coaching y algunas nociones sobre Programación Neuro Caligráfica de la mano del Dr. Quim Valls volví a estudiar la Escritura Terapéutica, esta vez con un curso más en profundidad. Es fascinante lo que se puede hacer modificando nuestra forma de escribir, como afirma el Dr. Valls en su tesis doctoral, y esto unido al qué ponemos por escrito nos puede ayudar de mil maneras que intentaremos ir desgranando poco a poco.

Beneficios de la escritura terapéutica.

El concepto fue introducido por primera vez por un psicólogo discípulo de Carl Jung, Ira Progof en 1960 cuando creó el “Método intensivo diario” que consistía en la escritura continuada y regular en un diario. Desde entonces es una herramienta que muchos psicólogos han integrado en sus terapias como ayuda para que los pacientes reflexionen en sus casas. Fue más tarde, con diversos estudios científicos cuando se constató que tenía beneficios, tanto a nivel psicológico como físico, aumentando por ejemplo las defensas ante enfermedades. La escritura reflexiva dirigida es salud.

James W. Pennebaker, profesor y Jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas, fue uno de los pioneros en estas investigaciones. En 1983 junto a su socia Sandra Beall desarrollaron un estudio novedoso donde analizaron la relación entre escritura y salud psíquica y física. Entre sus alumnos tomaron voluntarios y los separaron en dos grupos. Las instrucciones para el  primer grupo fue escribir sobre cualquier tema trivial que les apeteciera y el segundo que lo hiciera sobre experiencias traumáticas de su vida, aquella situación que les había marcado. Este segundo grupo fue también dividido en tres. Un grupo escribiría únicamente sobre las emociones causadas por sus experiencias traumáticas. Un segundo grupo tenía que escribir sólo sobre los hechos, lo que ocurrió sin tener en cuenta los sentimientos y un tercer grupo escribiría sobre el hecho más traumático de su vida, el que pensaran que les había afectado más, relacionándolo con las emociones que este les había causado. Tenían que escribir durante 15 minutos seguidos cada día, sin preocuparse de la gramática o la sintaxis. Previamente se habían sometido a un chequeo médico.

Pennebaker y Beall observaron que algunos de los voluntarios del tercer grupo (hecho traumático en relación con emociones) lloraban mientras escribían. Otros revelaron sucesos trágicos que nunca antes habían contado a nadie: muertes de amigos o familiares, abusos sexuales sufridos, alcoholismo, intentos de suicidio, etc. Aquellos que escribieron sobre hechos triviales o los que lo hicieron sobre emociones o tan sólo hechos traumáticos reflejaron sentimientos más positivos.

Lo más sorprendente fue que cuatro meses después, los estudiantes dijeron sentirse mejor y que escribir les había ayudado a resolver el dolor del trauma. Pasados seis meses se comprobó que la salud del grupo de estudiantes que había escrito relacionando hechos traumáticos con emociones se había mantenido en mejor estado que  la de los voluntarios de los otros grupos.

En estudios posteriores, se descubrió que aquellos que confrontaban sus traumas mientras escribían desarrollaban una congruencia entre las ondas de actividad de ambos hemisferios cerebrales (integración en el procesamiento de la información lingüística y emocional), lo que promovía que sus ritmos cardíacos fuesen más bajos y se encontrasen más relajados muscularmente. Los linfocitos T se mostraban más enérgicos, por lo que su sistema inmune se reforzaba y sus cuerpos eran más capaces de luchar contra las infecciones.

Aunque las primeras investigaciones fueron sobre hechos traumáticos, también se encontraron resultados similares al escribir sobre otros temas (relaciones de pareja, familiares, búsqueda de empleo…) Lo más importante es que la escritura nos obliga a explorar nuestras emociones y pensamientos y a escuchar nuestra voz interior. Incluso hay estudios donde se relaciona la escritura terapéutica con mejora en enfermedades físicas como asma y artritis. Los pacientes que participaron en el estudio mejoraron notablemente en sus patologías.

En todos los casos, la escritura es una herramienta que ayuda a nuestro organismo a gestionar el estrés y le evita el sobre esfuerzo que representa. Cuando el estrés se prolonga en el tiempo puede llegar a agotarnos y enfermamos. La escritura nos ayuda a mirar al dolor, reconocerlo, destriparlo, entenderlo, analizarlo y así damos cauce a la energía que no se queda enquistada en el interior dañando nuestra salud.

Seguiremos hablando sobre la Escritura terapéutica y veremos algunos sencillos ejercicios con los que podremos comprobar su potencial.

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